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Carlos Crespo

Mentor Certificado en Método EGM™. Coach de liderazgo. Director técnico en planta industrial. Ingeniero Mecánico por la Universidad Politécnica de Valencia.

Cuando lo vendes todo, dejas de ser especialista

Hay un punto en muchos negocios que se repite.

Empiezas haciendo una cosa muy bien.
Te entienden.
Confían en ti.

Y poco a poco empiezas a añadir cosas.

Un servicio más.
Otro tipo de cliente.
Otro problema que “también puedes resolver”.

Al principio parece una ventaja.
Más oportunidades.
Más puertas abiertas.

Hasta que deja de serlo.

Cada nuevo cliente exige más adaptación.
Más estudio.
Más excepciones.
Más horas.

No suele notarse de golpe.
Se acumula.


Todos conocemos varios negocios que durante años decían que sí a todo.

Más servicios.
Más clientes.
Más frentes abiertos.

El problema no era la cantidad.
Era el desgaste.

Porque cuando todo es posible,
nada termina de estar bien enfocado.


El día que uno de esos negocios decidió reducir su foco
no pasó nada espectacular.

No hubo un gran anuncio.
No hubo una estrategia brillante.

Simplemente empezó a ganar más,
trabajando menos
y con menos ruido alrededor.

Eso suele sorprender a quien lo mira desde fuera.

Pero tiene sentido.


Cuanto más disperso está un negocio,
más difícil es que otros puedan ayudarte de verdad.

Porque nadie sabe exactamente
dónde aportar valor.

Y hay otro efecto colateral que aparece casi siempre:

cuando vendes de todo,
dejas de ser especialista
y empiezas a competir por precio.

No porque seas peor.
Sino porque ya no está claro
por qué deberían elegirte a ti.


A veces el cambio no se nota primero en el negocio.

Se nota en la vida.

Menos urgencias.
Menos excepciones.
Menos sensación de ir siempre apagando fuegos.

No siempre hace falta reinventarlo todo.
A veces basta con dejar de añadir cosas
y empezar a cuestionar
qué merece seguir ahí
y qué solo ocupa espacio.

Eso también es foco.

Y suele ser más incómodo
que seguir sumando.


Si al leer esto te ha venido alguien a la cabeza,
probablemente no sea casualidad.

Y si te has visto reflejado tú, tampoco.

No es una señal de que algo vaya mal.
Suele ser una señal de que el negocio ha llegado
a un punto donde mirar con más criterio importa más que hacer más.

Si este tipo de reflexiones te resultan familiares,
abajo puedes dejar tu email.

Cada semana escribo un correo donde cuestiono
decisiones habituales del negocio
que casi nunca se revisan
porque “siempre se han hecho así”.

No son consejos rápidos.
Ni fórmulas.
Ni ideas para vender más cosas.

Es una forma distinta de pensar el negocio
antes de tocar nada.

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