Muchos negocios no avanzan por falta de foco en los negocios, no por falta de trabajo, talento o disciplina.
Hay una historia sencilla que explica mejor que muchos modelos de negocio
por qué tantas empresas trabajan sin parar…
y aun así no avanzan.
Es la historia del zorro y el erizo.
No es una fábula sobre animales.
Es una metáfora muy precisa sobre cómo se comportan muchos negocios cuando crecen, se diversifican y pierden foco.
Y sí, suele incomodar cuando la reconoces.
El zorro es ingenioso.
Curioso.
Rápido para detectar oportunidades.
Prueba cosas nuevas.
Cambia de enfoque.
Persigue lo que parece interesante en cada momento.
El erizo, en cambio, hace siempre lo mismo.
No porque no vea alternativas,
sino porque tiene una idea central muy clara.
Y, contra lo que muchos creen,
el erizo suele ganar.
En la práctica, muchos negocios funcionan como zorros:
nuevos servicios
nuevas líneas de producto
nuevas ideas cada trimestre
nuevas oportunidades que “no se pueden dejar pasar”
Mucho movimiento.
Mucho trabajo.
Poca dirección sostenida.
Y conviene aclararlo:
no es falta de esfuerzo.
No es falta de talento.
No es falta de disciplina.
Es falta de foco mantenido en el tiempo.
Las empresas que realmente crecen de forma sólida
suelen parecer aburridas desde fuera.
Hacen pocas cosas.
Las hacen bien.
Y no se distraen cada vez que aparece algo nuevo y prometedor.
Eso no es rigidez.
Es disciplina bien enfocada.
El problema es que, desde dentro del negocio,
esto no siempre se ve con claridad.
Cuando estás metido en la operativa diaria:
todo parece urgente
todo parece necesario
todo parece buena idea
Elegir se vuelve incómodo.
Decidir qué NO hacer genera fricción.
Y poco a poco, el negocio empieza a comportarse como un zorro sin darse cuenta.
No porque falte visión,
sino porque falta distancia.
Por eso, antes de hablar de crecimiento, cambios o estrategia,
el primer paso no suele ser añadir nada nuevo.
Suele ser mirar el negocio con distancia.
No para hacer menos por sistema.
Sino para decidir mejor.
Decidir:
qué merece quedarse
qué funciona de verdad
y qué solo está consumiendo energía, atención y foco
Muchas veces no hace falta reinventar el negocio.
Hace falta dejar de comportarse como un zorro.
El foco no es hacer poco “porque sí”.
Es sostener lo importante el tiempo suficiente como para que funcione.
Eso exige renuncias.
Exige paciencia.
Y exige una claridad que no siempre se tiene cuando estás dentro del día a día.
Por eso, la mayoría de decisiones de foco
no se toman bien en caliente.
Se toman mejor cuando paras, miras
y decides con calma.
Si esta reflexión te resulta familiar —en tu negocio o en el de alguien cercano—,
no es una señal de que algo vaya mal.
Suele ser una señal de que ha llegado el momento
de mirar con más criterio.
No para añadir más cosas.
Para quedarte con las que realmente importan.
Cada semana envío un email donde pongo el foco
en decisiones que suelen darse por hechas en el negocio
y que, cuando se cuestionan con calma,
cambian más de lo que parece.
No son consejos rápidos.
Ni fórmulas.
Ni ideas para “hacer más”.
Es una forma distinta de mirar lo que ya tienes entre manos
antes de mover nada.
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(Sin urgencia. Sin promesas. Solo criterio.)

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