No soy adivino.
Pero hay algo que se repite demasiado a menudo.
Si tienes un negocio
y no has muerto en el intento.
Si llevas años viviendo de él
sin estar completamente explotado.
Es casi seguro que, en su momento,
supiste apoyarte en una fortaleza muy concreta.
Una habilidad.
Una forma de hacer las cosas.
Una manera de relacionarte con clientes o resolver problemas.
Esa fortaleza es la que te permitió hacer
lo que muchos no consiguen:
mantener el negocio en pie.
Hasta aquí, todo encaja.
El problema aparece después.
Cuando el negocio sigue creciendo,
pero esa misma fortaleza empieza a exigirte cada vez más.
No suele presentarse como un fallo evidente.
Más bien como una sensación difusa.
Empiezas a notarlo cuando:
trabajas más horas de las que te gustaría,
el negocio se resiente si te ausentas unos días,
o los clientes prefieren tratar contigo antes que con tu equipo.
Ahí suele pasar algo curioso.
Lo que antes era tu ventaja
empieza a convertirse en tu cuello de botella.
No porque sea mala.
No porque haya dejado de funcionar.
Sino porque el negocio ha crecido alrededor de ella
sin replantearla.
Y lo que no se revisa,
con el tiempo, limita.
Muchas veces esto no se identifica como un problema de foco.
El negocio funciona.
Los clientes siguen entrando.
Los números, más o menos, cuadran.
Pero todo depende demasiado de ti.
Eso suele justificarse como compromiso,
responsabilidad
o “ser el que siempre está”.
Hasta que empieza a pesar.
Ahí aparece una forma muy concreta de falta de foco en los negocios.
No porque se hagan demasiadas cosas,
sino porque todo gira alrededor de la misma fortaleza
que antes te hizo avanzar.
Cuando eso ocurre, es habitual pensar que la solución pasa por cambiarlo todo.
Nuevo modelo.
Más estructura.
Más personas.
Otro enfoque.
Y no siempre.
A veces basta con identificar
qué es exactamente lo que hoy te está atando
a lo que ayer te hizo avanzar.
La falta de foco en los negocios no siempre se corrige añadiendo capas.
Muchas veces se corrige revisando
aquello que nunca se ha cuestionado
porque “siempre ha funcionado”.
Por eso, antes de hablar de crecimiento, delegación o estrategia,
conviene parar.
No para hacer menos por sistema.
Sino para decidir mejor.
Decidir qué tiene sentido seguir sosteniendo.
Qué debería dejar de depender de ti.
Y qué, sin darte cuenta, se ha convertido en un límite.
Si al leer esto te ha venido alguien a la cabeza,
probablemente no sea casualidad.
Y si te has visto reflejado tú, tampoco.
No es una señal de que algo vaya mal.
Suele ser una señal de que el negocio ha llegado
a un punto donde mirar con más criterio importa más que hacer más.
Si este tipo de reflexiones te resultan familiares,
debajo puedes dejar tu email.
Cada semana escribo un correo donde cuestiono
decisiones que suelen darse por hechas en el negocio
y que, cuando se miran con calma,
cambian más de lo que parece.
No son consejos rápidos.
Ni fórmulas.
Ni ideas para hacer más.
Es una forma distinta de pensar el negocio
antes de tocar nada.

Únete a la comunidad de empresarios y dueños de negocios que reciben cada semana artículos de interés relacionados con el mundo de los negocios. 1 mail por semana, sin spam.

Únete a la comunidad de empresarios y dueños de negocios que reciben cada semana artículos de interés relacionados con el mundo de los negocios. 1 mail por semana, sin spam.
