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Carlos Crespo

Mentor Certificado en Método EGM™. Coach de liderazgo. Director técnico en planta industrial. Ingeniero Mecánico por la Universidad Politécnica de Valencia.

Prioridades trimestrales: cómo convertir buenas ideas en avance real

Tener buenas ideas no suele ser el problema. El problema es conseguir que sobrevivan a las urgencias del día a día y se conviertan en resultados para el negocio.

El líder está para liderar: Capacitar a los empleados para multiplicar.

Una buena idea no cambia una empresa.

Una buena idea ejecutada de forma consistente durante 12 semanas puede hacerlo.

Hay momentos en los que resulta especialmente evidente. Durante unas vacaciones, un viaje o simplemente una semana con menos ruido operativo conseguimos alejarnos un poco del negocio y empezamos a verlo de otra manera.

Entonces aparecen ideas.

Cambiar una forma de trabajar. Ordenar un proceso que lleva demasiado tiempo improvisándose. Revisar precios. Dejar de aceptar determinado tipo de cliente. Dar más responsabilidad a alguien del equipo. Explorar una nueva línea de negocio.

Muchas de esas ideas son buenas.

El problema empieza cuando volvemos a la actividad normal.

Los correos, los clientes, las reuniones, los presupuestos, las incidencias y todas esas pequeñas decisiones que exige una empresa empiezan a ocupar nuevamente el espacio disponible.

La idea se aplaza.

Después pierde importancia.

Y finalmente desaparece hasta que vuelve a surgir meses después.

No faltaban ideas.

Faltaba un sistema para convertirlas en avance.

Una prioridad no es simplemente algo importante

Uno de los errores habituales al dirigir una empresa es confundir intención con prioridad.

Podemos considerar importantes diez, quince o veinte asuntos al mismo tiempo. Pero si todos son prioritarios, en la práctica ninguno lo es.

Una verdadera prioridad obliga a elegir.

Significa decidir que, entre todas las cosas que podríamos mejorar durante los próximos meses, existe un número reducido de ellas que merece una atención especial porque tendrá un impacto directo sobre el negocio.

En ADN Crespo trabajamos estas prioridades a través de lo que llamamos rocas trimestrales.

La lógica es sencilla: identificar aquello suficientemente importante como para protegerlo de las urgencias del día a día y conseguir que avance semana tras semana.

Las tres preguntas para definir una roca trimestral

Antes de decidir qué hacer durante los próximos tres meses, conviene levantar la vista.

La planificación trimestral tiene sentido cuando conecta las acciones de hoy con el negocio que queremos construir mañana.

Por eso partimos de tres preguntas:

1. ¿Qué queremos haber conseguido dentro de cinco años?

La respuesta marca una dirección. No necesitamos conocer cada paso del camino, pero sí saber qué tipo de empresa estamos intentando construir.

2. ¿Qué debería haber ocurrido al terminar este año para acercarnos a esa situación?

Aquí la visión empieza a convertirse en objetivos más concretos.

3. ¿En qué debemos enfocarnos durante los próximos tres meses para avanzar realmente hacia ellos?

Aquí aparece la roca.

No todo lo que debemos hacer en una empresa es una roca trimestral. La mayoría de tareas forman parte de la operativa habitual.

Una roca es diferente.

Puede ser documentar un proceso crítico para poder delegarlo, implantar un sistema comercial, redefinir una línea de negocio, desarrollar a una persona del equipo para que asuma nuevas responsabilidades o mejorar una determinada variable económica.

Lo importante no es el nombre.

Lo importante es haber decidido conscientemente que ese asunto debe avanzar aunque aparezcan cien urgencias alrededor.

De cinco años a esta semana

Existe una gran distancia entre decir dónde quieres que esté tu empresa dentro de cinco años y decidir qué vas a hacer el próximo martes.

La función de las rocas trimestrales es unir ambas cosas.

Cinco años marcan la dirección.

El año establece el siguiente gran destino.

El trimestre determina el foco.

Y la semana demuestra si realmente lo estamos ejecutando.

Ahí es donde muchas planificaciones fallan.

Se definen objetivos, se celebran reuniones estratégicas y se preparan documentos que parecen claros. Pero después nadie revisa semanalmente qué está avanzando, qué se ha bloqueado y quién debe resolverlo.

Sin seguimiento, la estrategia termina perdiendo contra la operativa.

Casi siempre.

Una roca necesita responsable, plazo y seguimiento

Convertir una idea en prioridad exige bajarla a tierra.

Tiene que quedar claro qué queremos conseguir, quién responde por ello y cuándo debería estar terminado.

Y después hay que revisar su evolución.

No para llenar más reuniones de indicadores ni para controlar constantemente al equipo, sino para detectar pronto cuándo aquello que considerábamos importante está dejando de avanzar.

Porque esperar tres meses para descubrir que una prioridad trimestral no se ha ejecutado no es seguimiento.

Es simplemente llegar tarde.

La disciplina consiste precisamente en mantener visible lo importante cuando todavía estamos a tiempo de intervenir.

El objetivo no es hacer más. Es avanzar en lo correcto

Muchos empresarios no necesitan añadir más tareas a su agenda.

Ya tienen suficientes.

Lo que necesitan es distinguir mejor entre aquello que mantiene funcionando el negocio y aquello que realmente lo transforma.

Las urgencias consiguen atención por sí solas.

Una reclamación llama.

Un cliente escribe.

Un problema aparece.

Las prioridades estratégicas son diferentes. Rara vez exigen atención inmediata y precisamente por eso resulta tan fácil posponerlas.

Sin embargo, son las que permiten que dentro de unos años el negocio no sea simplemente una versión un poco más grande del actual.

Sino una empresa más ordenada, más rentable, menos dependiente de determinadas personas y con una dirección mucho más clara.

Ese cambio no suele producirse mediante una gran decisión.

Se construye trimestre a trimestre.

Antes de seguir con la operativa

Piensa en una mejora importante que llevas tiempo queriendo introducir en tu empresa.

Ahora hazte una pregunta más incómoda:

¿Tiene responsable, plazo y un sistema de seguimiento?

Si la respuesta es no, probablemente todavía no sea una prioridad.

Es una intención.

Y las intenciones tienen muchas posibilidades de terminar enterradas bajo la próxima urgencia.

Si necesitas ordenar las prioridades de tu negocio

Si tienes claro que hay cosas que deberían cambiar en tu empresa, pero la operativa diaria hace difícil decidir dónde poner el foco, una primera sesión de diagnóstico puede servir para analizar el punto en el que estás, identificar qué está frenando el negocio y determinar cuáles deberían ser los siguientes pasos.

Sin empezar haciendo más.

Empezando por decidir mejor.

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